Hace unos días, fuimos a comer a un restaurante en Jimena de la Fra., un pueblo cercano de la sierra gaditana, al que no vamos nunca precisamente por eso, por ser de los alrededores. Tendemos a querer ver las cosas lejanas y se nos pasan sitios que están más a la mano [es como cuando nos empeñamos en viajar al extranjero] dando por hecho que por estar a media hora, podemos ir en cualquier momento. Y cuando vas, ves extranjeros allí, gente haciendo fotos con unos paisajes chulísimos de fondo y dices, anda mira! y lo tenía al lado.
En fin, que por recomendación de un compañero de trabajo, fuimos a comer a un restaurante llamado El Ventorrillero, donde nos recibió un tipo muy particular conocido como "el Vivi". Tengo que decir que el restaurante me encantó, es super acogedor y me sorprendió lo concurrido que estaba. Se ve que yo era la única de por aquí que no lo conocía O_O, es conveniente reservar porque aquello se llenó en cerocoma, y en todo el rato que estuvimos allí, no paraba de entrar gente. Os puedo decir que había una mesa de japoneses, y los de la mesa del al lado, oímos decir cuando pagaban la cuenta, que venían desde Sevilla. Imaginaos mi sorpresa.
Todo esto no tendría ningún sentido si no os dijera ahora que la comida fue lo mejor, evidentemente. Todo lo que comimos me pareció delicioso y eso que no fuimos nosotros los que elegimos la comida. Como os lo digo. El Vivi, se cogió una silla, se sentó con nosotros y nos dijo lo que le iba a poner a los niños. Nos pareció bien a todos y entonces nos preguntó si a nosotros nos gustaban las setas, al contestar que sí, nos ofreció tres platos, yo quité uno que no me apetecía, me lo cambió por otro y listo. Así, sin más.
Al terminar de comer pedimos la cuenta, se acerca el tipo, se sienta con nosotros, saca un bolígrafo y se pone a dibujar una libreta en el mantel de papel y dentro hace la cuenta. Yo estaba alucinando, porque a pesar de tener manteles de papel, el restaurante es muy chulo por dentro, rústico pero bien decorado [claro ahora entiendo el porqué de los manteles] y es cuando piensas que te van a clavar. No me gustan nada los sitios sin carta, sin saber precios. Pues bien, comimos los cuatro por menos de 50 euros y una comida de calidad y en cantidad suficiente para no comer ni postre. Espero volver.
Lo primero que comimos fueron unas croquetas de setas, las mejores croquetas que he probado en mi vida. Una semana después ya estaba intentado reproducirlas y no son las mismas, pero os aconsejo que las probéis, están riquísimas.
Ponemos a calentar dos cucharadas de aceite de oliva, añadimos una cucharadita de mantequilla. Picamos una cebolla en cuadritos muy pequeños y la añadimos a la sartén, mientras picamos también lo más pequeño que podamos 150 g de setas frescas lavadas y bien escurridas y la ponemos junto con la cebolla cuando está esté pochada [no dorada], salpimentamos y le damos vueltas durantes unos cinco minutos.
Pasado ese tiempo ponemos
300 ml de leche y
una cucharadita de bovril. Cuando la leche arranque a hervir, cogemos un puñado de
harina de trigo y se la vamos poniendo poco a poco con la mano izquierda, mientras con la derecha seguimos moviendo con la cuchara de madera, a fin de integrarlo todo bien y empezar a espesar nuestra bechamel sin que salgan grumos. Cuando acabemos con este puñado, ponemos un poco más, poco a poco. La masa de las croquetas estará lista, cuando al pasar la cuchara por el fondo se despegue sin dejar rastro.
La dejamos enfriar completamente en una fuente. Después con ayuda de una cuchara, vamos haciendo las croquetas al tamaño y de la forma deseada, las pasamos por
huevo batido y pan rallado. Después freimos en abundante aceite de oliva bien caliente. Dejamos escurrir en un plato con un papel de cocina. Yo las serví acompañadas de
alioli de la tita. No dejéis de probarlas!